NIETZSCHE EL BIBLIOMANO ENAMORADO DE LOS LIBROS…QUE RECOMENDABA NO LEER DEMASIADO.

Lector obsesivo, puntual y dialógico: Nietzsche siempre estuvo obsesionado por edificar su biblioteca personal ideal y le dedicó a la tarea muchos esfuerzos, de los que nos quedan muchas huellas, no sólo su propio testimonio en cartas y en el Nachlass, sino muchos documentos materiales. Fue su hermana Elisabeth quién conservó todas las facturas de compras, los catálogos de novedades de librerías, las listas con préstamos de las bibliotecas e incluso una costumbre nietzscheana propia de un “Loco de los libros”: listas ideales de adquisición de ejemplares. Nietzsche borroneaba su catálogo personal y además listaba los libros potenciales a ser adquiridos en sus librerías preferidas. En el Archiv Weimar se pueden estudiar estas curiosas enumeraciones, estas check-lists. La más antigua data de 1858/1859 (¡cuando tenía once años!), jamás publicada, escrita por su hermana, con un listado que contiene treinta títulos, a la que el propio púber Nietzsche le agregó de su propio puño y letra tres libros más. En 1861/1862 Nietzsche hizo una nueva lista (la cuarta) bajo el título Bibliothek. Una quinta lista, con el título Meine Bücher, está datada en 1863 y contiene ya sesenta títulos (muchos sobreviven hoy en la biblioteca personal conservada en Weimar), ya en esta época Nietzsche estudiaba lejos de casa, en Pforta, por lo que dividió su biblioteca físicamente entre Pforta y Naumburg. La sexta y séptima lista se refiere a los libros que ya poseía en estos dos lugares. Al mismo tiempo que tenía esta neurótica costumbre de clasificar y catalogar sus libros (así como planificar sus próximas adquisiciones) Nietzsche desarrolló paulatinamente unos hábitos de lectura profunda complejos. El joven Nietzsche raramente realizaba anotaciones en sus libros, por lo que su manera de “leer” en su juventud diferirá notablemente de sus prácticas en la edad joven y madura. En particular al que podríamos llamar middle Nietzsche (1869/1880), tiene un hábito que lo sumerge en un diálogo frenético con el texto y el autor. Sus libros y revistas están golpeados, manipulados, manoseados intelectualmente y la relación dialéctica se expresa en subrayados de colores (interlineados y marginales), marcas de exclamación y sorpresa, marcas de cuestionamiento, notas benes (NB) en los márgenes, postskriptum (PS) en los finales de capítulos y libros, y, lo más importante, reacciones en lo márgenes o en los espacios superiores e inferiores de la página. Reacciones que van desde un simple signo a extensos comentarios, algo inexistente en el Nietzsche anterior. El hábito de lectura juvenil era más bien oblicuo y en diagonal, con las mínimas anotaciones posibles y muy formales, seguramente relacionadas con sus trabajos escolares. Nada de debate, discusión o intercambio dialéctico en busca de síntesis. Pero en el joven Nietzsche se puede ver que los autores que más le influenciarían ya contienen anotaciones y formas primitivas de diálogo: son libros muy exclusivos, restringidos a tres autores. Son el pastor que filosofaba, Ralph W. Emerson (dos libros, Die Führung des Lebens y Versuche, con muchas anotaciones y subrayados); por supuesto Schopenhauer (algunas anotaciones en Die Welt als Wille und Vorstellung) y del poeta romántico húngaro Sándor Petöfi (pequeñas marcas en algunos poemas), del que intentó musicalizar algunos poemas en una serie de Lieds tituladas Nachspiel, Ständchen, Unendlich Verwelkt. A partir de 1868 más o menos Nietzsche comienza modificar sus hábitos de lectura y el número y variaciones de sus anotaciones crece en progresión geométrica, posiblemente a causa de su doble exigencia de profesor universitario y docente de instituto en Basilea. Pero también a que comienza su intento fallido de transformarse en un filósofo autodidacta. Con sólo examinar los libros más usados entre 1869 y 1879 podemos deducir que Nietzsche se va haciendo un lector profundo, puntual e interactivo. Muchos de sus libros contienen decenas de anotaciones por página (muchas en interlíneas y en los márgenes) cubriendo capítulos completos. Las anotaciones más extensas en los márgenes nos muestran que Nietzsche entra en una especie de dialéctica (la raíz etimológica de diálogo) con el autor como si estuviera presente. Conversación en el que es frecuente el uso de palabras coloquiales como Nein!Ja!Gut!, Sehr Gut!, Bravo!, Warum?Falsch, ecco., por ejemplo. Ocasionalmente largos comentarios se extienden en el margen o en especial en la parte inferior de la página. Desafortunadamente muchos de sus libros fueron re encuadernados por su hermana Elisabeth cuando se trasladó a Weimar, ya que tenían un uso muy intensivo, y la nueva encuadernación cubrió parcialmente algunos de estos valiosos diálogos. Otra sorpresa es que Nietzsche como lector estaba mucho mejor informado y era más tolerante con los que diferían con sus ideas que lo que muestran sus obras exotéricas. El Nietzsche lector es más humanista y comprensivo que el Nietzsche dionisíaco público. A modo de ejemplo: cuando lee al filósofo, político y economista inglés representante de la escuela económica clásica y teórico del utilitarismo John Stuart Mill, o al historiador y publicista irlandés William Edgard Hartpole Lecky, o a los famosos hermanos Goncourt, aniquilados con rudeza por su martillo crítico en sus libros, sus textos están pesadamente anotados y con positivas exclamaciones y contienen pocas palabras o comentarios negativos. En el Nietzsche maduro las anotaciones y marcas están hechas en lápiz de grafito negro; en algunas ocasiones utiliza lápiz de color azul o rojo; en su juventud no dudaba en utilizar tinta azul o marrón, arruinando el libro. También es visible una característica de Nietzsche: el retornar, una y otra vez, sobre sus autores preferidos, la re lectura obsesiva, justamente él que odiaba al docto por revolver libros, por lo que se acumulan marcas de diferente tipo y color (como en el caso del manual sobre historia del materialismo del socialista liberal Friedrich Lange, donde se pueden calibrar hasta cinco o seis re lecturas). La datación es difícil, Nietzsche no fecha sus lecturas (que hay que reconstruirlas indirectamente a través de su correspondencia y el Nachlass) ni la adquisición del texto, así como tampoco figura su nombre, ni usa Ex libris. En sus libros en francés muchas marcas y exclamaciones están en ese idioma. Ocasionalmente Nietzsche utiliza invectivas y malas palabras, como Esel (culo) y Vieh (vaca). Las anotaciones también tienen una característica de su filosofía de la lectura lenta: raramente aparecen al inicio del libro, posiblemente esperando juzgarlo de manera más objetiva después que despliegue el autor los argumentos completos. Muchos de los libros personales de Nietzsche nunca fueron leídos, aunque pareciera que sí si seguimos al pie de la letra sus cartas o manuscritos. Los casos más conocidos son nombres lustrosos: Kant, Spinoza o Hegel. Algunos conservan el pliego sin cortar; otros apenas fueron ojeados, sólo conservan marcas físicas insignificantes (página doblada) y un lomo intacto.Ceremonial de la contradicción: una de las principales peculiaridades cuando leemos a Nietzsche (a excepción de Zarathustra), a pesar de tener formación académica y haber sido formalmente un catedrático, es la desaparición voluntaria de todo aparato erudito de citas y bibliografía. Es una estrategia discursiva que directamente apunta a la Modernidad y al modo de expresión del Sokratismus y su figura intelectual decadente: el Docto, el philólogos. Además es reflejo de su creencia ideológica vitalista, de raíz schopenhauerianne, que lo escrito es simplemente una expresión de la personalidad completa de un pensador o viceversa, la personalidad y actitud de un filósofo es su mejor obra, son ideas-personas. Una tercera razón para este rasgo inusual es la profunda repulsa de Nietzsche por el pensamiento abstracto, puramente teórico y textual, la forma ilustrada de argumentar y expresar ideas. Sin citas, sin aparato bibliográfico, Nietzsche hace surgir entre líneas a muchos autores y a pocas obras específicas. Esta larga y rica lista de nombres es un hábito poco frecuente en los demás filósofos, de tal forma que pocos libros y muchos autores aparecen una y otra vez en sus obras. Por supuesto la lista, tanto positiva como negativa, de autores se va modificando a lo largo del tiempo pero el diálogo, el intento dialéctico con grandes, medianos y mediocres pensadores jamás se detiene. Como le dice melodramáticamente en su libro de 1879, Vermischte Meinungen und Sprüche, “para poder hablar con algunos muertos, no solamente he sacrificado carneros, sino que tampoco he escatimado mi propia sangre. Cuatro parejas de hombres no han rechazado mis sacrificios: Epicuro y Montaigne, Goethe y Spinoza, Platón y Rousseau, Pascal y Schopenhauer. Con ellos es con quienes necesito conversar cuando paseo solitario a lo largo de mi camino; por ellos quiero darme y quitarme la Razón, y los escucharé cuando ante mí, se den y se quiten la Razón unos a otros… en estos ocho ojos fijo mis ojos y veo sus ojos fijos en mí.” La misma metonimia dionisíaca aparece en una carta a su madre Franziska en 1885, donde le afirma que él “exclusivamente se comunica con hombres muertos”, aunque cómo veremos muchas influencias sobre Nietzsche provenían no de gloriosos y reconocidos clásicos de la Academia sino de publicistas contemporáneos e incluso personas cercanas a él. La tarea de hacer “visibles” estos autores de segundo nivel o vulgarizadores, empresa que comenzó Mazzino Montinari, es una contribución decisiva a nuestra comprensión del verdadero Nietzsche, y no del modélico filósofo proteico (falso y atextual) del Nietzschéisme. Y esto se magnifica si tomamos en consideración que el rentista Nietzsche fue un pensador que a partir de 1879 se transformó en un anacoreta voluntario, que en su soledad planificada redujo dramáticamente su diálogo interpares (incluso su existencia social se redujo a casi cero). Sus viejas relaciones sociales se trasvolaron a sus libros y la correspondencia con su hermana Elisabeth y un grupo muy pequeño de conocidos. Esto potencia e incrementa la necesidad y el valor extraordinario que para Nietzsche adquirió eses “diálogo con los muertos”. El “otro” nietzscheano de su época madura era en casi todos los casos un interlocutor impreso en papel. La visión general del Nietzschéisme, y la hagiografía más común, obturada por esta peculiaridad casi única de Nietzsche (y, hay que decirlo, a veces alimentada por la falsa auto interpretación del mismo Nietzsche), es que es un self-made-philosopher, que ha creado por sí mismo sus pensamientos con total originalidad. Lo cierto es que a través de sus lecturas es posible llegar a una conclusión muy diferente: los escritos nietzscheanos están profundamente influenciados por sus lecturas (muchas vergonzosas, inconfesables), incluso en sus libros en apariencia más maduros e independientes, incluso en los canonizados por el Nietzschéisme. Recordemos que el catecismo del Nietzsche francés es muy limitado, sólo reconoce arbitrariamente como técnicamente maduros y académicamente aceptables unos pocos textos: el fragmento póstumo “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, la Segunda Intempestiva (“De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida”), algunos aforismos de Más allá del bien y del mal o de El crepúsculo de los ídolos. Pues bien y a modo de ejemplo, el libro de 1886, Jenseits von Gut und Böse, contiene nada más ni nada menos que 107 diferentes nombres de personas, la gran mayoría libros que ha leído y que no cita; en la Zur Genealogie der Moral (1887) se puede comprender, conociendo lo que Nietzsche leía contemporáneamente, como un largo diálogo (a través de la lectura) y de respuesta a la nueva corriente de pensamiento llamada English Psychology, un desarrollo de muchas tesis de Paul Rée y de muchos aportes impensables que provienen de su lectura de historia del derecho (en su biblioteca personal Nietzsche poseía muchos textos de estas materias y al menos diez libros sobre esa temática se encuentran profundamente subrayados/comentados). Götzen-Dammerung (editado en 1889, pero escrito en 1888), el libro donde según Nietzsche se encontraba su filosofía en estado puro, se divide en dos partes, la primera con una exposición de su pensamiento y una segunda parte cuyos capítulos “ Die ‘Verbesserer’ der Menschheit”, “Streifzüge eines Unzeitgemäßen” y “Was ich den Alten verdanke” son esencialmente discusiones de las lecturas del propio Nietzsche. El famoso Der Antichrist (editado en 1895 pero escrito en 1888) habría sido un libro muy mediocre si Nietzsche no hubiera leído/dialogado con Jacolliot, Strauss, Renan, Wellhausen, Tolstoi, Dostoievsky, más todos los libros sobre historia de las religiones (budismo, cristianismo), San Pablo, Lutero y por supuesto la Biblia misma. Nietzsche era un verdadero “reactivo” en su práctica de la lectura y podríamos afirmar, con sus propias palabras, que “ si no revuelve libros, no piensa.”

Borges afirmaba que a lo largo del tiempo nuestra memoria va formando una biblioteca dispar, hecha de libros, o páginas y artículos, cuya lectura fue una dicha para nosotros y que nos gustaría compartir. Y finalizaba diciendo: los textos de esta íntima biblioteca personal no son forzosamente famosos. ¿Es necesario vigilar obsesivamente las lecturas de los pensadores? ¿Es productivo seguir el hilo rojo de Ariadna de la lectura al concepto?

Habitualmente no se le exige confesarlas. Es en cierto sentido perjudicial, una suerte de pudor metodológico, ya que el conocimiento de lo que un autor lee facilita la inteligencia y el sentido profundo de lo que dicen.

UNA MISTIFICACIÓN DIONISÍACA:

Un concepto novísimo, un giro sorprendente, una metáfora imprevista nos hace sospechar que sin aviso previo se está retomando la palabra de otro. La escritura es un velo que hace difuso el razonamiento que se despliega detrás y antes de lo que estamos leyendo. Al ser transpuesta la escritura por la vigilancia hermenéutica, aquella se convierte en un eco quebrado, en un jeroglífico de la razón por fin descifrado o la mera apariencia de una idea que ya no puede negar su génesis. Sólo si tenemos la posibilidad de encontrar el texto primordial de la cadena, puede el enigma de las fórmulas huérfanas despejarse y con ello se redibujar la imagen total del filósofo. En ciertos pensadores esta tarea seculizadora (ya que aniquila el aura religiosa del Genius) se encuentra con múltiples problemas: resulta imposible fácticamente o por la propia dinámica de su Stil, reconstruir la angustia de las influencias. Nadie más adecuado, para esta reconstrucción de la biblioteca imaginaria personal, que el filósofo Nietzsche. No tanto por su estilo antiacadémico premeditado, que cita muchos autores y pocas obras, sino por la obra filial de su hermana. Gracias a la previsión de Elisabeth se protegieron no sólo los manuscritos, el Nachlass nietzscheano, sino su importante biblioteca personal, incluyendo sus libros anotados de puño y letra. Como albacea responsable hasta conservó no sólo sus libros personales, sino los recibos de compra de las librerías y talones de las bibliotecas públicas, patrimonio que se conserva hoy en el Goethe-Schiller Archiv de Weimar.

En Nietzsche sucede muy fácilmente, gracias a sus constantes autointerpretaciones de su propia vida y obra, que tengamos la impresión que en realidad leía poco o nada al final de su vida. Sus biógrafos también quedaron despistados, ya que Nietzsche mismo se encargó de borrar toda huella remarcable, todo vestigio de inspiración. Como decía su primer admirador y hagiógrafo Georg Brandes “es algo notable que considere como absolutamente insensato que él, Nietzsche, pueda deberle algo a alguien, y se enoja ‘como un alemán’ contra todo autor que se le parezca en algo”. Parte del aura atrayente y núcleo duro del culto a Nietzsche, el Nietzschéisme, que consiste en considerarlo un adivinador, un visionario, un artista, un santo original e inactual. Y no hay duda que esta imagen mítica dionisíaca fue alimentada y construida por el mismo Nietzsche. Su propia filosofía critica con dureza la lectura como una falta de afirmación en la vida misma: “Otra listeza y autodefensa consiste en reaccionar las menos veces posibles y en eludir las situaciones y condiciones en que se estaría condenado a exhibir, por así decirlo, la propia ‘libertad’, la propia iniciativa, y a convertirse en un mero reactivo. Tomo como imagen el trato con los libros. El docto, que en el fondo no hace ya otra cosa que «revolver» libros –el filólogo corriente, unos doscientos al día, acaba por perder íntegra y totalmente la capacidad de pensar por cuenta propia.

Si no revuelve libros, no piensa. Responde a un estímulo (un pensamiento leído) cuando piensa, al final lo único que hace ya es reaccionar. El docto dedica toda su fuerza a decir sí y a decir no, a la crítica de cosas ya pensada; él mismo ya no piensa. El instinto de autodefensa se ha reblandecido en él; en caso contrario, se defendería contra los libros. El docto, un décadent. Esto lo he visto yo con mis propios ojos: naturalezas bien dotadas, con una constitución rica y libre, ya a los treinta años ‘leídas hasta la ruina’, reducidas ya a puras cerillas, a las que es necesario frotar para que den chispas «pensamiento»– Muy temprano, al amanecer el día, en la frescura, en la aurora de su fuerza, leer un libro; ¡a esto yo lo califico de vicioso!”” (Ecce Homo, Porqué soy tan listo, 8). Leer sería una actividad meramente reactiva y un vicio que puede llevarnos a estar “leídos hasta la ruina”. Como dijimos esta constante autocomprensión de sí mismo que ha servido de canon interpretativo a hagiógrafos y epígonos (un caso similar es el de Heidegger) coincide con la peculiaridad de su Stil donde la forma táctica del ensayo aforístico no deja lugar al clásico aparato erudito de citas, ni al apéndice bibliográfico.

Aparecen aquí y allá algún autor mayor (de prestigio), ninguna obra y mucho menos autores menores o escolares. Cuando confiesa lecturas a la luz pública, como en Ecce Homo, su lista es arbitraria y limitada a obras de ficción (Molière, Corneille, Racine, Maupassant, Merimée, Stendhal, Byron, Shakespeare). Será esta la única lista confesional de Nietzsche sobre sus lecturas. El guerrero, ya armado con casco, pica, escudo y égida sobre el pecho, sólo reconoce recurrir a la lectura como mero pasatiempo entre las batallas de las ideas. El resultado es un rizo hermenéutico que refuerza la genialidad y originalidad absoluta de Nietzsche mismo, un verdadero Minerva filosófico, y como contrapartida para sus lectores la incomprensión de su diálogo íntimo con autores y obras. Como producto final Nietzsche sería un filósofo genial bien dionisíaco, un pensador original aislado, un eremita eminente y excepcional. El resultado no es otro que la incomprensión del mismo Nietzsche. Por supuesto, esta imagen es totalmente falsa. Nietzsche fue, en efecto, un enorme lector de libros, casi compulsivo. “Revolvió libros” no sólo en su juventud, sino durante toda su vida incluyendo su último año de actividad consciente.

NIETZSCHE Y LA FLAIR DU LIVRE

La dudosa confesión a sus lectores de Ecce Homo que “durante años no volví a leer nada ¡el máximo beneficio que me he procurado!” es falsa, confunde y conduce a la mala interpretación. Esta pintura impresionista de un filósofo vital y dionisíaco, reflexionando en las alturas de la soledad y pleno de inactualidad (sin influencias) se desmiente con sólo espiar detrás de los hombros de Nietzsche, hacia los anaqueles más recónditos de su biblioteca personal. La cultura libresca de un miope contrastaba con Zarathustra. Ya de joven, Nietzsche fue un bibliómano obsesivo y lector voraz. De niño tuvo un interés desmesurado por los libros y su habilidad para leer y escribir la desarrolló en una edad muy temprana para la época. Según la biografía de juventud escrita por su hermana, Der junge Nietzsche, con cuatro años, su padre le había no sólo enseñado a leer sino que se sentaba a practicar en el estudio de su padre rodeado de libros. Este estudio, como lo reconocerá en escritos autobiográficos el propio Nietzsche, como en Aus meinen Leben de 1858, será su lugar favorito en su infancia.

El lugar central que ocupaban los libros en el imaginario de Nietzsche lo demuestra el rol que jugaban en sus relaciones de amistad con sus amigos de infancia Wilhem Pinder, Gustav Krug, Paul Deussen y Carl von Gersdorff. Nietzsche no sólo les recomienda constantemente libros y le anuncia novedades editoriales, sino que discute los libros que adquiere y regala a sus amigos libros en sus cumpleaños y en la Navidad. Ya en esta época Nietzsche desarrolla un hábito malsano del cual no podrá desprenderse jamás: escribe sin citar fuentes o sin entrecomillado, llegando al borde del plagio. Además se derrumbe la peregrina idea del catecismo nietzscheano de que su interés filosófico se reducía a la psicología y el arte, por el contrario: ya en Pforta compra o consulta textos de historia, no sólo clásicos escolares de la historia de Roma como Mommsen sino le dedica particular atención a historiadores de la edad moderna y de la política contemporánea. Lee y transcribe a historiadores alemanes como Mundt, Menzel o Gervinus, o historiadores conservadores como Guizot o el torie Macaulay. En carta a Elisabeth de noviembre de 1861 le indica como su deseo para regalos de Navidad una colección abigarrada de libros de historia sobre Alemania, la Reforma y en especial muchos sobre la Gran Revolución Francesa. Estudia con detenimiento además filósofos de la historia como “el gran Herder”. En el Nietzsche lector aparece un obsesivo binomio que se mantendrá incólume en su derrotero intelectual: historia y política; política e historia. Le interesan los grandes líderes históricos, no sólo lee y escribe sobre Napoleón I (y también sobre el III), devora libros sobre Metternich, Castlereagh e incluso protagonistas políticos de las luchas sociales de la época: Blanqui, Blanc, Ledru-Rollin, Cavaignac (los protagonistas de la revolución de 1848).

Nietzsche también adora la lectura colectiva o en conjunto, ya sea con su familia o amigos, una costumbre que se ha perdido: en 1864 menciona en una carta que él y Deussen han leído juntos un drama griego; en 1866 lee a Schopenhauer junto a von Gesdorff y Mushacke. En 1860 Nietzsche funda una asociación cultural con sus amigos, de significativo nombre Germania, importante en el desarrollo nietzscheano. Esta sociedad se centraba de nuevo en la cultura libresca: se obligaba a sus miembros a presentar cada mes un trabajo literario (poema, ensayo o composición musical) y los otros deberán evaluarle y escribir una crítica; además se recomendaban libros y revistas literarias. Las más importantes producciones de Nietzsche de ésta época, Fatum und Geschichte y Willensfreiheit und Fatum, fueron escritas para Germania. Ya en 1865 empieza a adquirir una cantidad importante de libros para una ambiciosa biblioteca ideal, que debido a su situación financiera, nunca podrá completar. Asiste a subastas y remates de librerías y planea pagar su compra de libros con un crédito a diez años, como le confiesa a von Gersdorff. Durante estos vagabundeos por subastas y librerías de viejo fue donde se encontró por casualidad con Schopenhauer. Otro autor importante en su desarrollo intelectual oculto, hablamos del socialista Friedrich A. Lange, lo adquirió gracias a la listas de novedades que le enviaban las librerías del lugar. Ya en Basilea como profesor de filología (1869-1879) lee entre cinco y siete horas por día, en especial textos filológicos y relacionados con sus clases. Utiliza frecuentemente la propia biblioteca de la universidad y reclama a libreros de Alemania la lista de novedades y reediciones. A partir de 1879 hasta el culmine de su vida activa, enero de 1889, Nietzsche comienza una vida nómada, sin dirección fija y con limitaciones económicas. Esta época es la más difícil de evaluar para conocer la dimensión e influencia de las lecturas de Nietzsche. (Continuará)

EL VICIO IMPUNE DE UN VIR OBSCURISSIMUS

Valéry Larbaud llamaba al arte de leer el “vicio impune”. ¿Es un vicio la lectura? ¿es un trabajo vano o el mundo nos exige llegar y salir de un libro? Nietzsche parece ser un combatiente tenaz de esta idea ilustrada. Su pathos es claramente antilibresco, en el arte de leer no está la vida, leer ya no es vivir, como creía Flaubert. Leer, en el sentido de la Aufklärung burguesa, corrompe el pensar, corroe los espíritus libres. El pensionista Nietzsche lo tenía claro “yo odio a los ociosos que leen…un siglo de lectores todavía –y hasta el espíritu olerá mal”. El hommo bourgeois y el doctus poeta eran símbolos del Büchernarr, el “loco de los libros”: un hombre decadente que no quiere ver y actuar en el mundo directamente, sino que depende de las palabras muertas de la página impresa. En esta senda anti-ilustrada de su filosofía del temperamento trágico, Nietzsche se autodefinía, en cartas o personalmente, con el irónico término latino vir obscurissimus. Parte de su propia autocomprensión consistía en presentarse a sí mismo y a su trabajo bajo la sombra vital de una especie de nuevo Baco-Dioniso: quería y pretendía ser un “macho oscuro”, un Zarathustra que no tejería “los calcetines del Espíritu” con prácticas librescas. Justamente quien más malinterpreta su mensaje profético son los más doctos, los que no pueden superar ni elevarse del límite que le impone la pasiva lectura-placer.

El carácter mismo de su filosofía dependía, de alguna manera, de esta íntima coherencia entre obra y existencia. Parte integral de esta mitología consistía en minimizar y despreciar la cultura libresca y la lectura sans phrase. Los primeros biógrafos y admiradores siguieron al pie de la letra esta mise en scène nietzscheana. Uno de los primeros hagiógrafos del ‘900, Henri Lichtenberg, que trabajó estrechamente en el Archiv con su hermana, concluye que “a Nietzsche no puede considerárselo ni un erudito, ni un sabio… El estado de su salud, y en particular de la vista, le prohibió casi completamente durante años enteros toda especie de lectura…” Ergo: todo lo que escribió Nietzsche puede considerarse la maravillosa producción introspectiva, no dialógica, de un Genius solitario e inspirado. El Genius se opone al Doctus, al mero erudito, esa figura patética generada por la burguesía. Si existe alguna fuente de influencia o inspiración será la de la naturaleza del instinto. El catecismo nietzscheano se mantuvo intacto hasta nuestros días: cualquiera de los libros sobre Nietzsche, ya interpretativos, ya biográficos, jamás han consultado las fuentes originales de su pensamiento, y mucho menos rastreado las marcas y huellas en su propio Nachlass o en los libros de su biblioteca personal. Se suceden así elipsis posmodernas e inferencias postestructuralistas que llegan al ridículo, como concluir que cuando menciona el término Dialektik discutía contra Hegel (Deleuze), cuando lo leyó poco o nada (a excepción de su Vorlesungen über die Philosophie der Geschichte) y su objetivo central era el naciente socialismo y anarquismo; o que estaba profundamente influido por Spinoza (cuando lo conoció a través de manuales de segunda mano o de la opinión de Goethe: jamás lo leyó directamente). Se encuentras parentescos con filósofos prestigiosos en el Olimpo académico y se obliteran las verdaderas influencias en el pensamiento de Nietzsche de los pensadores y escritores que realmente leyó y estudió con profundidad. Pero sigamos el derrotero poco transitado hacia la caverna del Nietzsche lector. Durante su período como profesor de filología y a la vez de instituto secundario, gracias a que se conservan sus informes semestrales, sabemos que leyó a Homero, Esquilo, Sófocles, Hesíodo, Platón (un autor que había empezado a leer con discontinuidad desde 1863, poseía volúmenes sueltos hasta que pudo adquirir la Sämmtliche Werke en ocho tomos), Demóstenes, Tucídides, Jenofonte, Aristóteles (había comprado las Werke en nueve volúmenes en 1868; curiosamente sólo enseñaba la Retórica).

Esto en cuanto a su actividad y currícula meramente pedagógica, pero Nietzsche, un devorador de libros, no se quedó en esto. Las lecturas en horas de clase no eran todo el programa para los sufridos escolares. Como testimonian sus alumnos importó de su experiencia de instituto en Pforta la llamada institución de la private Lesung (Lectura Privada). Textos cuya lectura y dominio personal se dejaban al buen criterio y autonomía del alumno, pero que ocasionalmente eran “comprobados” por el profesor. Y esto exigía mucho trabajo de búsqueda de texto, lectura e interpretación: “De vez en cuando pedí cuentas e información sobre lecturas privadas llevadas a cabo; y el éxito es tal que, al menos, a nadie en absoluto se le ha podido inculpar de falta de decidida aplicación… hay que resaltar laudatoriamente, por su espontaneidad y su amplitud, la lectura privada de los alumnos”, dice el propio Nietzsche en su informe de 1869. La obsesión por la lectura hizo que Nietzsche le propusiera en el semestre de invierno 1872/73 a los alumnos la siguiente lista de sugerencias de lectura: Esquilo, Sófocles, Eurípides, Homero, Hesíodo, Anacreonte, Aristófanes, Isócrates, Platón, Luciano, Plutarco. Nietzsche no aplicaba, ni había optado en absoluto, por vivir de acuerdo con la imagen del filósofo trágico y subversivo que tan grandiosamente gustaba de esbozar en sus libros y phamplets. Su método pedagógico levantaría la ira de Zarathustra. En el año sabático (1876-77) que se toma como interludio a su baja en la universidad, la actividad de Nietzsche y sus amigos en el balneario de Sorrento (Italia) se centra… ¡en la lectura: junto a Paul Rée, Malwida von Meysenbug y un alumno, Albert Brenner, leen en grupo las lecciones de historia del conservador Burckhardt, Heródoto y Tucídides. Malwida lo cuenta en sus memorias: “Teníamos un surtido grande y excelente de libros, pero lo más hermoso entre toda esa variedad era un manuscrito tomado por un alumno de Nietzsche de las lecciones de Jakob Burckhardt sobre la cultura griega… Cuando acabamos las lecciones de Burckhardt, leímos a Heródoto y a Tucídides”.

Las lecturas no se limitaban a ellos: se siguió con Platón político (Las Leyes), por supuesto historia con von Ranke (Historia de los Papas), además de los críticos moralistas franceses (Montaigne, La Rochefoucald, Vauvenarges, La Bruyére), literatura romántica (Stendhal), filósofos extraños y secundarios, como Afrikaan Spir (otra gran influencia en Neitzsche) e incluso el Antiguo Testamento. Al parecer era Rée (la más grande influencia intelectual muy poco reconocida en Nietzsche) quien elegía las lecturas y él mismo quien las leía para el grupo. La lectura en común en Villa Farinacci, así como la extraña idea de estar de vacaciones acompañado de kilos de libros, nos habla de la obsesión bibliómana y el rol que jugaba en la inspiración nietzscheana los libros. Cuando intenta curarse de sus migrañas y gastritis crónicas en Saint Moritz, viaja acompañado por ¡libros!: “para mi reconstrucción intelectual llevo tres libros: algo nuevo de Mark Twain, el americano (me gustan más esas tonterías que las cosas sesudas de los alemanes), Las Leyes de Platón y… a Paul Rée”.

LA MÁQUINA DE LEER Y EL LOCO DE LOS LIBROS

Cuando Nietzsche deja su cargo de profesor ordinario de filología en Basilea, se lleva consigo una biblioteca personal básica a la casa materna en Naumburg. El resto de sus libros, un sustancial número, se los deja provisoriamente a la suegra de su amigo Franz Overbeck, Frau Rothpletz, que vivía en Zurich. Esta parte de su biblioteca será rescatada más tarde (1892) por su hermana Elisabeth e incluida en el Archiv. Antes de esto Nietzsche ya la había depurado vendiendo a libreros de viejo los ejemplares referidos a filología y enseñanza, en 1878. Como decíamos Nietzsche deja la sedentaria Basilea y entra en una dinámica nómada que le hará viajar con mucha frecuencia hasta el fin de su vida consciente. Sabemos que estos desplazamientos eran para él muy dificultosos y la dificultad no era otra que la enorme cantidad de libros de su biblioteca.

Durante todo ese tiempo Nietzsche, como un caracol libresco, se traslada cargando, como menciona en una carta de 1883, ¡104 kilos de libros! Tal tara la traslada de su refugio en Sils-María, primero hasta Zurich y luego hasta Menton y Niza. En 1884 le vuelve a escribir desde Zurich a su madre sobre el engorroso problema de moverse con sus amados libros: “con este pie contrahecho que llevo conmigo, y me refiero a mis 104 kilos de libros, no seré capaz de huir muy lejos de aquí”. Una imagen poco dionisíaca del médico de la cultura y del nuevo filósofo del futuro. En 1881 Nietzsche se escapa del invierno suizo hacía la húmeda Génova (noviembre 1880-mayo 1881), excesivamente cargado deja a cargo de la dueña de la pensión un gran baúl conteniendo más libros, libros que en vida jamás volverá a buscar, algunos se perderán y otros serán de nuevo rescatados para el Archiv por su hermana Elisabeth.

Ya durante los años 1885-1888, ante las complicaciones de moverse a través de los Alpes y el norte de Italia con tantos libros. Nietzsche, un lector agobiado, decide depositar libros en diferentes puntos clave de sus domicilios eventuales, incluyendo Génova y la casa de su madre en Naumburg. La mayor cantidad de libros la traslada a Niza, lugar desde donde refiere en cartas de 1885 que ha llegado con su Bücherkiste (cajón de libros con los famosos 104 kilos); en otra misiva a su madre de 1885 describe que está rodeado de “una gran cantidad de libros” y en 1888 informa que su Bücherkiste ha sido enviada en barco de Niza a Turín y que la expedición ya ha arribado. No es todo: sabemos que en este derrotero Nietzsche sigue adquiriendo libros, comprándolos por correo con mucha frecuencia y leyendo en bibliotecas públicas. Durante la última década de vida activa, Nietzsche vive en una pequeña pensión de la universidad de Basilea, constantemente agobiado por sus ingresos y gastos. Pese a las restricciones económicas, el ex filólogo adquiere una gran cantidad de libros, alrededor de cien en tres años (un libro nuevo cada dos semanas). Aparte de estos canales habituales, Nietzsche recibe libros de autores que le envían su propio ejemplar y de sus amigos por correo (especialmente de Overbeck y Gast). Contra sus propias sentencias y aforismos, contra la letra escrita, su espíritu es el de un bibliómano digno de la Ilustración. Una consideración práctica para creer que Nietzsche fue original, sin influencias y con poca lectura en sus años más productivos, proviene del hecho de sus frecuentes demencias pasajeras y sus problemas de vista. Sus problemas de salud incluían migrañas, problemas estomacales (gastritis) y quizá los más decisivos, severos problemas oculares que le llevaron a utilizar lentes Nº 3 (dioptrías) para su miopía en los últimos años de vida activa: “el tormento en y sobre los dos ojos es despiadado” comenta en una carta a su amigo Carl Fuchs. En otra carta a Marie Baumgartner le comenta algo similar: “¡Imagínese que mis ojos, prácticamente de modo repentino, se han debilitado tanto que casi no puedo leer en absoluto!”. A su madre le cuenta en agosto de 1877 que “recién levantado del lecho de enfermo, ojos dolientes… ceguera cualquier día inevitable; dolores diarios de ojos; lo máximo hora y media al día para leer y escribir.”

Era habitual en las cartas de Nietzsche que éste hablara de sus “tres cuartos de ceguera”. Una y otra vez volvía la tentadora imagen dionisíaca del filósofo del martillo obligado por su ineludible fatum: “Mis ojos, por sí solos, pusieron fin a toda bibliomanía, hablando claro: a la filología: yo quedaba ‘redimido’ del libro, durante años no volví a leer nada ¡el máximo beneficio que me he procurado! El mí-mismo más profundo, casi sepultado, casi enmudecido bajo un permanente tener -que-oír a otros sí mismos (¡y esto significa, en efecto, leer!), se despertó lentamente, tímido, dubitativo, pero al final volvió a hablar.” (Ecce Homo, Humano, demasiado humano, 4). Más allá de sus problemas de miopía y jaquecas, que a veces le permitían unas horas diurnas de trabajo intelectual, todos los allegados de Nietzsche coinciden en que era un quema-libros, lector ávido y voraz. Meta von Salis, que conoció personalmente a Nietzsche en la segunda mitad de las década de 1880, afirma que “Nietzsche está poseído por ‘le flair du livre’ y lee mucho a pesar de sus problemas de vista”. Cuando el estado de su vista no se lo permite, la adicción libresca de Nietzsche, como Borges, le empuja a procurarse que otros le ayuden en la lectura. En los Nachlass muchas veces Nietzsche anota, como reflexión cruel, la necesidad de que otros le leyeran textos.

En rápida sucesión su madre Franziska, su hermana Elisabeth, su fiel Peter Gast (Köselitz) leen para él. Cuando la ocasión lo permite otros íntimos como von Gersdorff, Rée, Romundt, Meta von Salis y Resa von Schirnhofer se ofrecen con generosidad para leer para Nietzsche. Su propia decisión de ser un anacoreta limita que su familia y amigos puedan acercarse y ayudarlo en sus lecturas. Hasta tal punto llego la necesidad insatisfecha de Nietzsche por la lectura que en carta a su madre y a su amigo Overbeck les comenta que ha soñado con que han inventado una Lesung Maschine (máquina de leer) y agrega “ahora mis amigos deberían inventar una ‘máquina de leer’: de lo contrario estaré por debajo de lo que puedo lograr y no seré capaz de adquirir suficiente alimento intelectual”. La importancia de los libros en su propia formación filosófica lo resume Nietzsche con la metáfora vital de la alimentación… Cuando no hay conocidos, Nietzsche recurre a extraños que por una paga lean para él: por ejemplo en 1883 contrata los servicios de lectura de la viuda de un pastor alemán que ha vivido muchos años en Estados Unidos, y no sólo le lee y toma dictados, sino le traduce del inglés autores que Nietzsche no puede entender; en 1885 emplea a “una dama alemana de la ciudad de Meiningen” que le leerá y copiará sus dictados muchas semanas en su “casa-perrera ideal” en Sils-María. El hecho es que Nietzsche lee muchísimo, en su intimidad le asusta la idea de no leer lo suficiente en cantidad y calidad. Pese a sus declamaciones dionisíacas, “solamente las ideas que se tienen caminando tienen algún valor” (Götzen-Dammerung oder wie man mit dem Hammer philosophirt, 1888) o sus profession de foi en Ecce Homo “Estar sentado el menor tiempo posible; no dar crédito a ningún pensamiento que no haya nacido al aire libre… ningún pensamiento en el cual no celebren una fiesta también los músculos”, en la realidad su práctica en nada se modificó de su tierna infancia. Siguió poseído por la enfermedad erudita del libro, por le flair du livre.

En realidad Nietzsche permanecía sentado y leyendo sobre un escritorio mucho más tiempo de lo que supone la hagiografía heroica del Nietzschéisme. Se deduce del tamaño increíble de su biblioteca personal, del número de libros que compró, pidió a préstamo o alquiló, de su práctica de anotar con profusión sus libros y especialmente en el largo número de citas, resúmenes, extractos y referencias a libros que se encuentran en su Nachlass. Podemos incluso dar un paso más: muchos conceptos claves de Nietzsche fueron escritos por primera vez en los márgenes de un libro. Y esto nunca fue tan intenso como durante su más importante período de desarrollo intelectual, de 1880 en adelante. Si cómo él mismo decía en varios libros “la carne del culo es el auténtico pecado contra el Espíritu Santo”, podemos afirmar que Nietzsche vivió y murió como un pecador sin arrepentimiento.


NIETZSCHE , UN CANTO A LA VIDA, UN ROTUNDO DECIR SI! A SI MISMO.

Muchos críticos del pensador Friederich Nietzsche en su ignorancia por falta de leer y entender mejor a este gran filosofo dicen que a pesar de sus escritos su vida personal fue un caos,en lo personal,en el amor y en la salud,a pesar de pregonar un hombre nuevo,un super hombre, el mismo Nietzsche habría escrito que recorrió “caminos prohibidos” para argumentar su poderosa filosofía, pero como siempre en cada debate le pregunto a cristianos; ¿¡Acaso Jesús siendo el hijo del ser mas poderoso de la tierra,con poderes milagrosos,un super hombre en la tierra no fue escupido,humillado y colgado en el madero por vuestros pecados?¡¡… no se llevo vuestras enfermedades conforme a a profecía de Isaias como “el cordero que salva al mundo?”, el hecho de que Nietzsche padeciera lo que padeció a nivel personal,no le resta validez a su pensamiento transformador y poderoso, o acaso Jesús no es de confiar por dejarse matar?, esto hablando hipotéticamente.

Asi que con mente amplia vamos a analizar este interesante articulo;

Leo Leon.

Leer a Nietzsche es enfrentarse a un pensamiento caótico, plasmado en una prosa fragmentaria. A pesar de la densidad etérea de sus palabras, su estilo aforístico no naufraga en el sinsentido. El timón nietzscheano siempre se dirige hacia algo, su escritura no pierde el puerto, ni siquiera en altamar,cuando Nietzsche dice algo es con un objetivo en mente, incluso cuando lo dice en sátira o con tono irónico

"El anticristo", de Nietzsche, en versión manga publicado por La Otra H.
“El anticristo”, de Nietzsche, en versión manga publicado por La Otra H.

Nietzsche emprende, a partir de una guerra interior, una compleja filosofía matizada en frases iracundas y en una intempestiva desobediencia frente a las formas de la academia y la erudición, rebelándose ante el estilo acartonado del filósofo de cubículo, del impecable sistema teórico, de los castillos conceptuales fielmente erigidos durante la modernidad. Contra el escolasticismo y el pensamiento distante de la existencia, el “Anticristo” piensa en una filosofía que vuelva a la existencia misma su objeto de estudio, sin cometer el tradicional equívoco de la superioridad moral e intelectual de explicarla a partir de categorías y valores tajantes y definitivos.

El filósofo alemán teje un discurso polivalente que se enreda en los senderos del lenguaje poético, pero apropiándose de lo cotidiano. Persuade al lector a afrontar valientemente sus días, “a dejar el gran hastío del hombre que estrangula y se desliza en la garganta”. Compone una sinfonía en la cual el coro ha de ser interpretado por “los espíritus libres”, “los liberados de las cadenas”, “los hombres del gran anhelo”. Analizo cosas tan cotidianas como la alimentación y demás, aconsejaba no beber café,ni licor si no mas bien chocolate sin grasa, así como tener copiosas comidas en vez de pequeñas porciones para probar nuestra capacidad de comer, entre otros detalles simples de la vida.

La filosofía de Nietzsche es una obra de amor, del profundo amor por vivir

La filosofía de Nietzsche es un canto optimista a la vida. Paradójicamente, y a pesar de la poca congruencia con su circunstancia personal, la obra nietzscheana muestra las ilimitadas oportunidades para decirle sí a la existencia en todo momento, y a pesar de que algún mal externo o corporal pretenda ahogarla: hay que afirmar la vida interior, combatir las patologías del espíritu.

Nietzsche sobrellevó admirablemente los dolores de la carne. Las enfermedades físicas lo volvieron inmune al abatimiento, al suicidio, a la indiferencia frente a la vida. Su agonía lo volcó a pensar otra forma de habitar el mundo. Nuestro filósofo estuvo desesperado por encontrar una luz de bienestar, en donde nada le doliera. Su filosofía es una obra de honda angustia, de la encolerizada obsesión por querer arraigarse a lo cotidiano a pesar del sufrimiento. La filosofía de Nietzsche es una obra de amor, del profundo amor por vivir.

"Nietzsche", de Friedrich Georg Jünger, publicado por Herder.
“Nietzsche”, de Friedrich Georg Jünger, publicado por Herder.

Pero ¿cómo construir un auténtico amor a la vida en una cultura tan comprometida con despreciar los placeres y la felicidad propia? ¿De dónde conseguir fuerzas para mantener un largo suspiro, uno que dure hasta la muerte y nos orille a levantarnos cada día, sobrellevando de la mejor manera lo cotidiano? ¿Cómo convertirse en héroes, en un occidente que se empeña por idolatrar a los sufridos y a los mártires?

Esta naturaleza heroica, con la cual se ha de enfrentar la vida, quizá depende de la construcción de una morada propia, de una patria espiritual fundada por el “heroísmo del conocimiento”, este que en última instancia se fragua a partir de una existencia reflexiva, dedicada al escudriñamiento de la amplia gama afectiva, casi cósmica, del mundo interior.

Dentro del laberíntico especular nietzscheano, podemos notar una gruesa raíz enredándose con el resto de su filosofía, en la cual se desprende el malestar de la cultura y el destrozo del auténtico amor por la vida: el nihilismo.

El nihilismo es la patología de un espíritu genérico, de muchas individualidades despreciando la vida, de algunos líderes dirigiendo al Estado, pensando las leyes, consolidando las religiones, representando los movimientos culturales y creativos; muchos son nihilistas por convicción, otros por servilismo, la mayoría por des-conocimiento. El nihilismo enfatiza su poder destructor en la inconsciencia frente a la anulación de los instintos más básicos y la abdicación de los deseos, de nuestros deseos.

Las enfermedades físicas lo volvieron inmune al abatimiento, al suicidio, a la indiferencia frente a la vida

Cansados de vivir, comulgamos con valores majestuosos, inaccesibles a los únicos hombres y mujeres posibilitados para existir: los de este mundo. Enfermos de idealismo y heridos a causa de metas inalcanzables, frustradas por una realidad que nunca supera las expectativas, el nihilismo es la enfermedad interior, la que sabotea el amor a la vida, sustituyéndolo por odio y resentimiento.

Amar la nada

Nietzsche fue un escritor póstumo. Tan comprometido estaba con el futuro de la cultura, que sus palabras aniquilan su propia rutina. A veces es congruente y logra conjugar la filosofía con la acción diaria, pero cuando lo olvida, de un instante a otro se convierte en el hombre de antiguas costumbres, en el anticristo de la teoría, en el sabio que vaticinó la historia de los dos próximos siglos.

Cuando el filósofo muere, apenas estaban por nacer quienes podrían entenderlo, su pensamiento llega justo a tiempo. Aquí, después de doscientos años, nosotros ya podemos comprender por qué esta larga historia de la cultura ha sido más bien el progreso y el perfeccionamiento de un error, de uno que está o debería estar por culminar: el largo asentamiento del nihilismo.

El nihilismo es la enfermedad interior, la que sabotea el amor a la vida, sustituyéndolo por odio y resentimiento

Apocalíptico. Los dos siglos posteriores al fallecimiento de Nietzsche estarían marcados por un nihilismo totalitario. Un espíritu de venganza contra la existencia dominó las comunidades humanas hasta verlas estallar. La violencia que destruye el rostro de naciones enteras es la consecuencia objetivada del hondo desprecio a la vida. Con el advenimiento del nihilismo nace un apasionamiento por la muerte.

Pero el instante álgido del nihilismo es el continuo regreso de la tormenta, que cargando sus nubes con rígidos valores y aspiraciones —mismos que través de centurias parecen irse perfeccionando—, revientan cada vez que no pueden contener dentro de sí una exigencia más.

El nihilismo es esta rebeldía frente a la obsesión de convertirse en el hombre perfecto o, como escribirá el filósofo en el cuarto volumen de los Fragmentos póstumos, en el “valiente, casto, probo, fiel, creyente, recto, confiado, abnegado, compasivo, altruista, concienzudo, simple, suave, justo, generoso, tolerante, obediente, desinteresado, sin envidia, benévolo, trabajador”.

La imposibilidad de cumplir la celestial idea de la bondad absoluta siembra en las vísceras una frustración que extirpa las ganas de vivir. Devaluar la vida es una de las formas más comunes de nihilismo. Cuando las expectativas impuestas por autoridades externas –como el Estado, la familia, la religión y el contexto común– son rebatidas por la consciencia interior, por este “heroísmo del conocimiento” que se empodera del criterio propio. Cuando el nihilismo destrona el sentido de aquellos valores, la vida, así a secas, sin extraordinarias esperanzas, podría volverse estéril.

Devaluar la vida es una de las formas más comunes de nihilismo

El vacío sigiloso que recorre la cultura, marchitando las flores sembradas en la luna, demoliendo rascacielos conceptuales e ideales políticos, divorciándose de una divinidad inalcanzable. Dios ha muerto. En este siglo el desierto avanza.

Sin embargo, este tipo de afición por el vacío, mora desde el “inicio” el bosque en el cual nos enraízanos, el invierno occidental. El nihilismo se remonta a una interpretación muy determinada sobre el mundo, al platonismo y su posterior adaptación para fortalecer el cristianismo.

La historia del error es la historia de esta exigente moral que le gusta negarse ante los placeres cotidianos y que mengua las pulsiones. Este error que reprime el amor por la vida, podría resumirse en una breve fábula.

"El crepúsculo de los ídolos", de Nietzsche, publicado por Edaf.
“El crepúsculo de los ídolos”, de Nietzsche, publicado por Edaf.

Nietzsche, en El crepúsculo de los ídolos, expone en pocas páginas la historia de la moral y cómo de ella fue floreciendo el desprecio a la vida. Primero, se legitimó dentro de la ficción de un mundo verdadero, uno que se construía más allá de lo visible. Un trasmundo prometido sólo al virtuoso, al que logra esta absoluta bondad a partir de su sabiduría. Platón puso una distancia entre la experiencia común y aquella a la cual se aspira. La idea como expectativa que trascienda lo ordinario es la primera forma de la moral.

Cuando el mundo verdadero se convirtió en promesa para cautivar fieles, el segundo episodio del yugo moral emergió. El cristianismo hizo de ella la puerta de entrada hacia un paraíso ficticio, uno al cual sólo se accedía tras la muerte, siempre y cuando la vida fuese llevada con sacrificios.

La moral cristiana nihiliza la vida, esperando que el creyente niegue los placeres y todo lo que lo lleve a tener cierto gozo existencial. El cristianismo aborrece la existencia en este mundo, le declara la guerra. Este segundo momento de la moral es la evolución de la idea platónica en cristianismo.

Si bien aquella creencia en una segunda realidad cristiana invisible a los ojos de esta tierra, y la quimera del cielo o el infierno cristiano, van siendo superados en cierta medida por los pensadores ilustrados. Por otro lado, las virtudes establecidas como medio para aspirar a tales paralelismos metafísicos son ascendidas a leyes universales. La moral moderna reprime las pasiones del individuo en aras de alinearlo a una ética estricta que controle cualquier impulso descabellado y menosprecie los placeres de la vida.

El hombre de hace dos siglos pregona —escribirá Nietzsche en los Fragmentos póstumos— que “los sentidos engañan, la razón corrige los errores (…) De los sentidos provienen la mayor parte de los infortunios”. Pero el individuo contemporáneo, en momentos sigue adhiriéndose al mismo desdén.

“Los sentidos engañan, la razón corrige los errores (…) De los sentidos provienen la mayor parte de los infortunios”, escribe Nietzsche

El error de la moral fue construirla a base a grandes expectativas que muy pocos podrían cumplir, y al mismo tiempo, volverla un condicionante para aspirar a una mejor existencia, a un mundo que nunca podría ser demostrado a partir de la vida misma. La vida en este mundo —la única posible desde que respiramos—, bajo el férreo yugo moral, fue condenada a un espacio doloroso, fraudulento, pero al mismo tiempo, lleno de tentaciones y placeres a los cuales se tendría que rechazar. La vida como una maldición, como lo despreciable, una terrible prueba para lo que viene a continuación, después de la muerte. ¿Lo que viene?

Cuando no queda nada por venir, y la cultura contemporánea supera su carácter esotérico, el nihilismo fortalece su colosal poder destructor, conviviendo con hombres que no se vinculan más a una autoridad trascendente, pero que siguen despreciando la vida de este mundo sin esperar ninguna recompensa postmortem.

La moral y su consecuente secuela nihilista, mantuvo una declarada guerra contra la existencia, creyendo que esta debía ser no vivida. Ser infiel con la vida, para volverse amante del vacío, es la secuela de un nihilismo no superado. El hombre nihilista tiene un profundo amor por la nada.

Amarse a sí mismo

El filósofo alemán profetiza la nueva casta de hombres que mostrarán a los demás —a los abandonados al prójimo, a los prisioneros de su estricta moral religiosa o secularizada y de su pesimismo— una forma más natural de vivir, una que no reprima las pulsiones y deje en libertad el desbocado espíritu del goce. Este individuo que romperá con el enamoramiento hacia la nada confeccionando un universo significativo para sí mismo será un tipo de espíritu libre que sólo se sujetará a su propio criterio y a ningún otro.

Pero este espíritu libre es un espíritu combativo que se ha detenido a observar la amplia gama afectiva de su universo interior, que conoce a detalle los matices de su volición y podría, bajo un exceso de consciencia, destruir el aturdimiento del hastío. Crearse para sí mismo un tipo de estética existencial, desde la cual, a mayor autoconocimiento, mayor belleza podrá destinar a su vida.

El espíritu libre es quien emplea como filosofía cotidiana un heroísmo del conocimiento, que lo vuelca a analizar todos los ángulos de su cotidianidad, obligándose a cambiar las costumbres anquilosadas y adoptadas sin un examen previo. Por ello, es también un librepensador que no se adhiere a ningún valor, opinión ajena o forma de vida que no haya sido previamente reflexionada por su crítica y desgarradora reflexión.

Si un hombre es libre, no se adherirá a ninguna forma estática de comprender la vida

Este tipo de espíritus son libres desde el momento en que no se enraízan a ningún ideal preestablecido de felicidad, ni tampoco mantienen los mismos intereses por tiempo prolongado, porque eso significaría reducir sus posibilidades de experiencia. Si un hombre es libre, no se adherirá a ninguna forma estática de comprender la vida.

Un tipo de odio hacia el detrimento de las vivencias es lo que el librepensador mostrará frente a las pretensiones de la mayoría por buscar lo definitivo y estable, lo que dure a través de los años. El espíritu libre no se enredará en hilos de acero, ni se comprometerá con causas a largo plazo; de hecho, sólo se ligará a lo que no socave su potencial de ser.

"Humano, demasiado humano", de Nietzsche, publicado por Edaf.
“Humano, demasiado humano”, de Nietzsche, editado por Edaf.

Este tipo de hombres rompen cada vez que consideren oportuno sus viejos vicios y hábitos.Incluso terminan con las personas que los frenan y con circunstancias muy deseadas en el pasado —dirá Nietzsche en Humano, demasiado humano—, “pese a que, como consecuencia de ello, sufrirán innumerables heridas grandes y pequeñas. Tienen que aprender a amar lo que hasta ahora odiaban y viceversa”.

Siguiendo la fiel ambición de conocer lo que más satisfaga sus expectativas, el hombre amante de sí mismo aprovechará la corriente interna que lo arrastra hacia ciertas cosas, que tras un tiempo podrían dejar de complacerlo, para forjarse una idea amplia de lo que significa vivir.

Asumir un “heroísmo del conocimiento” evita que el espíritu libre sucumba a la monotonía e inercia de la vida, aunque esto le cueste trabajo y sufrimiento; acogerá su existencia como lo más importante y perfectible del mundo; tendrá que enamorarse de sí mismo y llevar esa pasión hasta las últimas consecuencias. Bajo este sentido reflexivo aspirará con todo corazón a resolver el más profundo de sus enigmas, llegando al punto más alto de su propia superación. Uno que siempre lo fuerce, en el futuro, a destruir la creencia de que había llegado al máximo bienestar, y entonces, comience una nueva búsqueda.

El hombre libre se mostrará agudo de cualquier síntoma autocompasivo, porque eso lo doblegaría al conformismoy a la dependencia de un auxilio ajeno a sus fuerzas. Llegar al nivel de conmiseración de la fragilidad propia puede volver al hombre heroico un despreciable espíritu urgido de aprobación social, por lo que podría perder su rostro en aras de recibir amor del prójimo.

"Más allá del bien y del mal", de Nietzsche, publicado por Alianza editorial.
“Más allá del bien y del mal”, de Nietzsche, publicado por Alianza editorial.

El librepensador podrá sentirse en momentos muy solo, pero habrá de ser consciente de que no le queda de otra más que olvidarse de la melosidad y la vacua idea de servir siempre a los demás. Tendrá que volverse una isla y —comenta Nietzsche en Más allá del bien y del mal—, “someter a juicio despiadadamente a los sentimientos de abnegación, de sacrificio por el prójimo, a la entera moral de la renuncia a sí”.

No puede el espíritu heroico adherirse a una persona, teniendo una suficiente consciencia de que, al igual que él, el resto de los hombres son individualidades cerradas en sí mismas. Por una elaborada y antinatural aspiración de ocuparse de todos los demás que no son ellos mismos, caen en la falsa creencia de haberse apoderado del otro. Al mismo grado en que una pareja de enamorados simultáneamente considera que su amante le pertenece de alguna forma.

Desde tal lógica, quien desee estar libre de cualquier grillete jamás pretenderá tomar por propiedad a nadie,ni engancharse en una pasión dolorosa o no correspondida hacia un prójimo, porque esto podría dejarlo en la ruina. Al final, el espíritu heroico sabrá de antemano que, como sostendrá Nietzsche, “toda persona es una cárcel y también es un rincón”.

Al final, la regla básica del espíritu libre es disolver la subordinación ya sea a una patria, a una comunidad, a una ciencia particular u objeto de estudio que lo haya deslumbrado, también deberá desprenderse del prójimo y de cualquier idea fija de existencia. El hombre que logra dominarse a sí mismo podrá también dominar su medio sin quedar endeudado con su exterior, porque tan sólo le deberá su satisfacción y sus penas a sí mismo.

“Toda persona es una cárcel y también es un rincón”, dice Nietzsche

Sin embargo, no habrá de confundir al espíritu libre auténtico, con el espíritu embelesado por el progreso y la democracia, aquéllos sofistas que pregonan el bienestar y la facilidad de vivir, aturdidos con la novedad del derecho universal. Típicos eunucos aspirantes a un mundo huxleyano, sin hambre, guerra, ni tristeza.

Estos optimistas que auguran un futuro mejor que el acaecido son melancólicos demócratas, amantes del Estado ideal, que se alejan mucho de convertirse en espíritus libres desde el sentido en que Nietzsche lo pronostica. El librepensador sabe en el fondo que ni la política más elaborada podría salvar a todo un pueblo, porque es labor del hombre consciente de sí mismo, salvarse tan sólo a sí mismo.

Los espíritus libres no se adhieren por tanto ni siquiera a eufemismos utópicos, conocen desde el llamado interno que un largo proceso histórico de crueldad los ha ayudado a solventarse para sí mismos una vida mejor. El hombre heroico reconoce que —como escribe Nietzsche en Más allá del bien y del mal—, “la dureza, la violencia, esclavitud, peligro en la calle y en los corazones; que todo lo malvado, terrible, titánico, todo lo que de animal rapaz y serpiente hay en el hombre, sirve a la elevación de la especie hombre”.

Por ello, el heroísmo del conocimiento les hará comprender la crudeza de toda época, sin ánimos de creer que en el pasado siempre estuvieron mejor. Esta comprensión mesurada de lo que significa el tiempo de vida lo volcará a no esperar siempre un devenir progresista y lleno de éxitos, lo cual no significa que no aspire a ello. El espíritu libre vivirá sin amedrentarse por la muerte o la tragedia, tratando de superarse una y otra vez, bajo una actitud de pleno amor a la fatalidad.

“¡Amor fati!”, grita Nietzsche un invierno de 1882. Valeroso el espíritu que enfrenta hasta la más dura prueba del destino. Convertirse en héroe significa aceptar que la vida no sólo acarrea momentos de armonía, sino que también nos visita con su penuria y sus helados e imprevisibles tormentos de los que ni siquiera el hombre más fuerte podrá librarse. Por eso, el espíritu libre aprenderá a decir sí a cada instante, sea este desastroso o la mejor racha que haya experimentado.

El espíritu libre vivirá sin amedrentarse por la muerte o la tragedia, tratando de superarse una y otra vez, bajo una actitud de pleno amor a la fatalidad

La vida de cada segundo parece sólo acontecer, sin una finalidad precisa; la existencia no está encaminada a la felicidad, sólo desdobla su potencia de ser a partir de los hombres. Somos vulnerables a la tragedia. De un instante a otro la catástrofe fulmina cualquier individualidad, y el espíritu libre se conoce lo suficientemente a sí mismo, que se percata de la imposibilidad de tener control sobre la totalidad de su destino. El hombre heroico habrá de cultivar una pasión especial por su propia vida, aferrándose a ella con fervor, incluso en las peores circunstancias.

Todo se revela al instante. Quererse a sí mismo significa también vivir sin garantías, abrirle el camino amablemente al azar. Atreverse al caos de lo cotidiano y comprenderlo con “amor fati”. Amar el volátil destino que nos nulifica en el abismo o nos lanza hasta la dicha.

¡Amor a la fatalidad!, pensó Nietzsche para los espíritus libres, para quienes un día se levanten y empoderados de su valentía, afirmen:

“En definitiva, y en grande: ¡quiero ser un día uno que sólo dice sí!”.

Nietzsche ; un poderoso si! a la vida!! venga como venga!!

LEO LEON. (FILOSOFO CALLEJERO IMPROVISADO).

“Ser nietzscheano”, según Michel Onfray

Blog de notas sobre Nietzsche

El filósofo francés Michel Onfray, en su Tratado de ateología*, nos brinda una muy interesante reflexión sobre lo que para él significa ser nietzscheano. Asimismo, plantea la tarea que le toca ejecutar hoy en día al filósofo nietzscheano en la elaboración de una radical transvaluación ateológica, con la finalidad de superar el nihilismo contemporáneo:

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El Superhombre Nietzscheano.

Cuando se trasciende desde el pensamiento Nietzscheano, encontramos a un tipo de hombre, que se ha superado a si mismo,una conciencia superior que te indica que el mismo hombre a inventado el lenguaje , le a asignado nombre a las cosas, a conceptualizado la vida y por lo tanto a creado su propia realidad, creo verdades absolutas para de esta forma tener baluarte para crear sociedades, normas y estamentos a los que le ha dado un valor absoluto,luego lo llamo religión y ciencia, el superhombre esta consciente de que todo esto han sido ensayos y errores, que cada sociedad crea sus propias tablas de valores conformes a sus necesidades, entonces el superhombre ha trascendido a todas estas ideas, y crea sus propios valores conforme al sentido de la tierra, al final para el “Nada es verdadero, todo esta permitido” ,no hay verdades absolutas,ni bueno,ni malo,ni justo ni malvado, solo concepciones de fenómenos de la existencia sujetos a la interpretación del animal llamado “humano”.

En este sentido tenemos esta interesante concepción del superhombre;

¿Que seria un Superhombre?

Hombre nuevo que aparece tras la “muerte de Dios”. Nietzsche lo concibe como el individuo fiel a los valores de la vida, al “sentido de la tierra”.

      Nietzsche emplea con frecuencia un tono combativo y un lenguaje retórico que puede dar lugar a interpretaciones que no son fáciles de aceptar después de la terrible experiencia de nuestro siglo: sus exabruptos contra los judíos, la exaltación de “bruto rubio germánico”, y algunos de los calificativos con los que a veces se refiere a lo que parece considerar el ideal de hombre (crueldad, brutalidad, falta de compasión, …) permiten comprender que su filosofía haya sido utilizada por el nazismo para la defensa de sus tesis racistas. Pero es posible presentar la idea nietzscheana del superhombre precisamente a partir de una crítica de su lectura nazi. Las características que Nietzsche atribuye al superhombre y que pudieron dar pie a esta interpretación son las siguientes:

Nietzsche fue contrario al igualitarismo, tanto del igualitarismo implícito en el punto de vista cristiano (para éste todos somos iguales pues somos hermanos al ser hijos de Dios), como al igualitarismo defendido por el movimiento socialista cada vez más pujante a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Hay hombres inferiores y hombres superiores, el superhombre pertenece a este segundo grupo; “los débiles y malogrados deben perecer: artículo primero de nuestro amor a los hombres. Y además se debe ayudarlos a perecer” (“El anticristo”);

moral de la violencia: en muchos textos Nietzsche atribuye al superhombre rasgos  para los que los nazis fueron particularmente competentes: la falta de compasión,  la crueldad, la fuerza, el gusto por la acción, el combate y la guerra, el desprecio por los débiles; “Debéis buscar vuestro enemigo y hacer vuestra guerra. Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras, y la paz de corta duración más que la larga. Decís que es la bondad de la causa la que santifica la guerra; yo digo: es la bondad de la guerra lo que santifica toda causa”. “¿Quién alcanzará algo grande si no tiene la fuerza y la voluntad de infligir grandes sufrimientos? Saber sufrir es poco: hay mujeres y esclavos que han destacado como maestros en este arte. Pero no sucumbir ante los ataques de la angustia íntima y de la duda turbadora cuando se causa un gran dolor y se oye el grito de este dolor, esto sí es grande”. “El hombre superior se distingue del inferior por la intrepidez con que provoca la desgracia”;

si a estas tesis unimos, como antes se ha indicado, los textos en los que con los calificativos más exagerados critica al judaísmo, al cristianismo y reivindica la ferocidad y empuje de los pueblos germánicos, podemos comprender que los nazis pudieran hacer uso de la filosofía nietzscheana para la defensa de su punto de vista político.

      Sin embargo, en la filosofía de Nietzsche encontramos también elementos muy importantes que no parecen favorecer esta interpretación:

manifestó expresamente su hostilidad ante los alemanes y la cultura alemana (incluso llegó a abandonar la ciudadanía alemana y se hizo suizo);

la figura del superhombre no se puede separar de la consideración general nietzscheana relativa al platonismo y la muerte de Dios; implica una concepción filosófica y una teoría de la historia ajena por completo a las ideas nazis. El hombre al que hay que superar es el que se somete a los valores tradicionales, a la “moral del rebaño”, a la moral basada en la creencia de una realidad trascendente que fomenta el desprecio por la vida, la corporeidad y la diferencia entre las personas. El superhombre sólo es posible cuando se prescinda absolutamente de la creencia en Dios, cuando se realice hasta el final la “muerte de Dios”;

el nazismo defiende el culto a la raza y al Estado, predica la superioridad del grupo sobre el individuo, pero es esencial a la filosofía nietzscheana la tesis de que no existe lo universal: Nietzsche no cree en realidades universales, para él no existe la Humanidad, ni la Raza, ni la Nación. La estética nazi, el gusto por los uniformes, la disciplina militar, las manifestaciones en las que la muchedumbre oculta y anula al individuo, son signos menores pero claros de la importancia que esta ideología da al grupo en menosprecio del individuo. La noción de Raza, de Destino de un pueblo, de Estado, de Nación, en las que cree el nazismo son diversas máscaras bajo las que se oculta lo Absoluto.

Nietzsche consideró al Estado como una de las mayores perversiones creadas por el hombre; el Estado representa lo abstracto, la conducta del Estado es conducta despersonalizada, trata a los individuos de un modo indiscriminado, y el individuo, cuando se somete a él y se preocupa por él, pierde su individualidad, creatividad y libertad. “Allí donde el Estado acaba, comienza el hombre que no es superfluo; allí comienza la canción del necesario, la melodía única e insustituible. Allí donde el Estado acaba, ¡mirad allí, hermanos míos! ¿No veis el arco iris y los puentes del superhombre?” (“Así habló Zaratustra”).

      El superhombre no se puede identificar con una clase social con privilegios que le puedan venir por la tradición o que descansen en su poder social (con la aristocracia, por ejemplo), ni con un grupo definido biológicamente (con una raza) pues los genes no son una garantía de excelencia. Pero lo podemos reconocer a partir de su conducta moral:

1. Rechaza la moral de esclavos: la humildad, la mansedumbre, la prudencia que esconde cobardía, la castidad, la obediencia como sometimiento a una regla exterior, la paciencia consecuencia del sometimiento a un destino o a un mandato, el servilismo, la mezquindad, el rencor.

2. Rechaza la conducta gregaria: detesta la moral del rebaño, la conducta de los que siguen a la mayoría, de los que siguen normas morales ya establecidas; como consecuencia de su capacidad y determinación para crear valores, no los toma prestados de los que la sociedad le ofrece, por lo que su conducta será distinta a la de los demás.

3. Crea valores: los valores morales no existen en mundo trascendente, son invenciones de los seres humanos; pero no todos los hombres los crean, muchos –la mayoría– se encuentran con los valores ya creados por otros, siguen las modas, los estilos vitales vigentes; el primer rasgo del superhombre es precisamente éste: inventa las normas morales a las que él mismo se somete; pero este rasgo no es suficiente para definir al superhombre, pues no vale que cree o invente cualquier valor, además ha de crear valores que sean fieles al mundo de la vida y que le permitan expresar adecuadamente su peculiaridad, su propia personalidad y riqueza.

4. Vive en la finitud: no cree en ninguna realidad trascendente, ni en Dios ni en un destino privilegiado para los seres humanos, una raza, una nación, o un grupo; no cree que la vida tenga un sentido, como no sea el que él mismo le ha dado; acepta la vida en su limitación, no se oculta las dimensiones terribles de la existencia (el sufrimiento, la enfermedad, la muerte), es dionisíaco.

5. Le gusta el riesgo, las nuevas experiencias, los caminos no frecuentados, el enfrentamiento, las pruebas difíciles; no está preocupado ni por el placer ni por el dolor, ni propio ni ajeno, pues pone por encima de ellos el desarrollo de su voluntad y  de su espíritu; es duro consigo mismo y con los demás, es valiente, no huye del dolor ni de ninguna forma de sufrimiento: sabe que de estas experiencias puede salir enriquecido, puede crecer.

6.  Es contrario al igualitarismo: ama la exuberancia de la vida,  le gusta desarrollar en él mismo y en los demás aquello que les es más propio; no tiene miedo a la diferencia.

7. Ama la intensidad de la vida: la alegría, el entusiasmo, la salud, el amor sexual, la belleza corporal y espiritual; puede ser magnánimo, generoso, como una muestra de la riqueza de su voluntad.

8. En conclusión: el superhombre es la afirmación enérgica de la vida y el creador y dueño de sí mismo y de su vida, es un espíritu libre.

       “Escuchad y os diré lo que es el superhombre. El superhombre es el sentido de la tierra. Que vuestra voluntad diga: sea el superhombre el sentido de la tierra. ¡Yo os conjuro, hermanos míos, a que permanezcáis fieles al sentido de la tierra y no prestéis fe a los que os hablan de esperanzas ultraterrenas! Son destiladores de veneno, conscientes o inconscientes. Son despreciadores de la vida; llevan dentro de sí el germen de la muerte y están ellos mismos envenenados. La Tierra, está cansada de ellos: ¡muéranse pues de una vez!” (“Así habló Zaratustra”).

      En “Así habló Zaratustra” nos cuenta tres transformaciones del espíritu: cómo el espíritu se transforma en camello, el camello en león y, finalmente, el león en niño. El camello representa el momento de la humanidad que sobreviene con el platonismo y que llega hasta finales de la modernidad; su característica básica es la humildad, el sometimiento, el saber soportar con paciencia las pesadas cargas, la carga de la moral del resentimiento hacia la vida. El león representa al hombre como crítico, como  nihilista activo que destruye los valores establecidos, toda la cultura y estilo vital occidental. Y el niño representa al hombre que sabe de la inocencia del devenir, que inventa valores, que toma la vida como juego, como afirmación, es el sí radical al mundo dionisíaco. Es la metáfora del hombre del futuro, del superhombre. “Mas ahora decidme, hermanos míos: ¿qué es capaz de hacer el niño, que ni siquiera el león haya podido hacer? ¿Para qué, pues habría de convertirse en niño el león carnicero? Sí, hermanos míos, para el juego divino del crear se necesita un santo decir “sí”: el espíritu lucha ahora por su voluntad propia, el que se retiró del mundo conquista ahora su mundo.” (“Así habló Zaratustra”).

Mas allá de la mala interpretación sobre el concepto,vemos que el superhombre, es una concepción filosófica superior,toda una “filosofía científica realmente liberadora” del dogma,de la creencia absoluta, creadora de nuevos valores afianzados en el sentido de la tierra,donde la conciencia propia son la norma, y el instinto es la forma de inteligencia por excelencia.

Ideas del pensamiento Nietzscheano.

   

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche nació en 1844 y murió en 1900 (Friedrich Nietzsche, hacia 1900. Cubierta de

Cuando analizamos a fondo las obras de Nietzsche notamos la vigencia de sus pensamientos,los que hemos practicado en cierto modo el postulado de su filosofía a través de nuestras vidas, hemos visto como la fuerza de su pensamiento nos conduce por vías reales apegados al sentido de la tierra, es que su forma de ver la existencia es lógica, apegada a una realidad cruel pero a la vez saludable mentalmente, mas alla de su vida personal,su locura ,sus habitos, la hermosura de sus pensamientos cambia la vida de un hombre si sabe aplicar con juicio los principios derivados de las escrituras de la “maquina del pensamiento”… SILVA LEO.

Friedrich Nietzsche es uno de los filósofos más populares de la historia. Su pensamiento, que cargó contra la supuesta naturaleza racional del hombre –desafiando 2.000 años de filosofía–, y sus obras, con un lenguaje y estilo muy novedosos, le otorgaron un puesto de honor en el mundo de las ideas.

Nietzsche es uno de los personajes más famosos e influyentes de la filosofía y buena parte de ese éxito viene de sus demoledoras máximas. Perfecto aforista, el filósofo alemán nos ha brindado algunas frases que han pasado a la posteridad, y no sólo en el pensamiento. A partir de una selección de sus citas, hacemos a continuación una guía rápida sobre su pensamiento y su aportación al mundo de las ideas.

 1 Irracionalismo

“La cultura occidental está viciada desde su origen. Su error, el más pertinaz y peligroso de todos, consiste en instaurar la racionalidad a toda costa”
El ocaso de los ídolos

Uno de los principales fundamentos de la filosofía de Nietzsche es la negación de que el ser humano es un ser racional. Para él, por el contrario, es la irracionalidad su característica principal, de ahí que desprecie a casi todos los filósofos anteriores.

2 Consecuencias del racionalismo

La ciencia ha sido hasta ahora un proceso de eliminar la confusión absoluta de las cosas mediante hipótesis que lo explican todo; un proceso originado en la repugnancia del intelecto por el caos
La voluntad de poder

Cuando Nietzche critica el racionalismo, ataca también sus consecuencias, como, en este caso, la ciencia. No la idea del conocimiento en sí, sino aquello que representa: la debilidad. El hombre necesita saber, investigar, conocer, etc. porque es un ser débil. No es capaz de aceptar el caos de la realidad. No es capaz de vivir sin certezas. Primero, usó a los dioses para explicar aquello que no conocía, y después, usó a la ciencia para dar un sentido racional a lo que le rodea. En ambos casos, se equivoca.

3 Críticas a los filósofos griegos

“No puede negarse que el error más grave, que jamás fue cometido, ha sido un error dogmático: la invención del espíritu puro y del bien en sí de Platón”
Más allá del bien y del mal

Nietzsche era contrario a la mayoría de los filósofos anteriores, pero tenía un punto clave de la historia en el que posar su odio: Sócrates. Desde él en adelante, se había desarrollado esa idea de que el ser humano es un ser racional, manteniéndose la misma durante milenios. Una idea que Nietzsche atacará siempre con saña.

"El anticristo", de Nietzsche, en versión manga, editado por La Otra H.
“El anticristo”, de Nietzsche, en versión manga, editado por La Otra H.

4 Contra la religión

Todos los conceptos de la Iglesia se hallan reconocidos como lo que son, como la más maligna superchería que existe, realizada con la finalidad de desvalorizar la naturaleza, los valores naturales; el sacerdote mismo se halla reconocido como lo que es, como la especie más peligrosa de parásito, como la auténtica araña venenosa de la vida…
El anticristo

Probablemente uno de los sectores más criticados por Nietzsche es el de la religión, y fue la cristiana la que más sufrió sus ataques. Nietzsche proclamó que Dios había muerto y que los dogmas morales del cristianismo (pacifismo, tolerancia, amor fraterno, etc.) no son más que elementos falsos y manipuladores, fruto de una filosofía débil que trata, mediante dichos principios, de frenar y debilitar al fuerte, con quien de otro modo no puede competir.

5 Esclavitud moral

¿Queréis que el hombre bueno, sea modesto, diligente, bienintencionado y moderado? A mí se me antoja el esclavo ideal
La voluntad de poder

Esas ideas, supuestamente morales, son vilipendiadas por Nietzsche, que tratará de forjar una nueva visión del hombre en la que primen la fuerza y la determinación.

6 Inmoralidad de la ética tradicional

El triunfo de un ideal moral se logra por los mismos medios inmorales que cualquier triunfo: la violencia, la mentira, la difamación y la injusticia
La voluntad de poder

Gran parte del trabajo de Nietzsche se basa en demostrar que la mayoría de los principios que defiende la ética anterior a él son falsos. Nada más que meras palabras que están completamente alejadas de la realidad. Detrás de todo supuesto principio moral existe una idea vil. La moral tradicional ha de ser destruida para poder crear una nueva.

"La voluntad de poder", de Nietzsche, editado por Edaf.
“La voluntad de poder”, de Nietzsche, editado por Edaf.

7 El freno moral al hombre

La religión ha degradado el concepto del hombre; su consecuencia es la noción de que todo lo bueno, grande y verdadero es de naturaleza suprahumana y sólo se alcanza por obra de la gracia (…) El cristianismo es una doctrina que predica la obediencia
La voluntad de poder

Esta cita une ambos conceptos: por un lado, la maldad intrínseca del cristianismo y su ideal moral; por otro, la negación de lo que esa misma entiende que es grande y virtuoso (clemencia, caridad, altruismo, pacifismo). El cristianismo y su código es un freno para el hombre, que le impide llegar a su máximo potencial.

"Ecce homo", de Nietzsche, publicado por Alianza Editorial.
“Ecce homo”, de Nietzsche, publicado por Alianza Editorial.

8 La virtud del egoísmo

¡Cómo pudo enseñarse a despreciar los instintos primordiales de la vida e inventarse un alma, un espíritu, para ultrajar el cuerpo! ¡Cómo puede enseñarse a concebir la premisa de la vida, la sexualidad, como algo impuro! ¡Cómo puede buscarse en la más profunda necesidad vital, en el egoísmo estricto, el principio del mal y, a la inversa, exaltarse el síntoma típico de decadencia, de contradicción de los instintos –el altruismo y el amor al prójimo (alterismo)–, como el valor superior!
Ecce homo

Egoísmo es una palabra maldita aún hoy. Parece que nada peor puede hacer una persona que ser egoísta. Nietzsche califica de necio tales pensamientos. El hombre es naturalmente egoísta, y está bien que lo sea. Es su vida de la que ha de hacerse responsable, no pedir a los demás que vivan para él. Es él mismo quien ha de solucionar sus problemas y alcanzar sus sueños, sin lloriquear. Todo lo que nace de la naturaleza del hombre es bueno, y nada de lo que defiende el código impuesto podrá cambiar la realidad. Nietzsche odia el altruismo, la obligación moral de que uno sólo es bueno si renuncia a su propia vida para vivir para los demás. Un invento de los débiles para poder vivir a costa de los fuertes y brillantes.

"Así habló Zaratustra", de Nietzsche, en manga, publicado por La Otra H.
“Así habló Zaratustra”, de Nietzsche, en manga, publicado por La Otra H.

9 El Superhombre

El hombre es una cuerda tendida entre la bestia y el superhombre, una cuerda sobre un abismo
Así habló Zaratustra

Según Nietzsche, el hombre actual, con su moral decadente y débil, ha de ser superado. ¿Cuál es la meta? Convertirse en Superhombre. Un ser con una moral nueva, poderosa. El Superhombre determinará sus propios valores y vivirá de acuerdo a la realidad de su naturaleza. El Superhombre tendrá virtudes como la fortaleza, la determinación, la pasión y la crueldad. No dará cuenta de sus actos a nada ni a nadie, porque será un líder que decidirá el qué, cómo y cuándo de todo aquello que ocurra en su vida.

10 La superación de la religión

“Os diré lo que es el superhombre. Es el sentido de la tierra. ¡Yo os conjuro, hermanos míos, a que permanezcáis fieles al sentido de la tierra y no prestéis fe a los que os hablan de esperanzas ultraterrenas! Son destiladores de veneno. Son despreciadores de la vida; llevan dentro de sí el germen de la muerte y están envenenados. La Tierra está cansada de ellos; ¡muéranse pues de una vez!”
Así habló Zaratustra

Para el filósofo alemán, la llegada del Superhombre será la muerte de la religión. Una vez que la humanidad comprenda que ellos son los que deciden su código de valores, que no han de responder ante ningún Dios y que no han de respetar el código moral con que los débiles tratan de dominarlos, todo cambiará. Y no habrá piedad para ellos. El Superhombre no muestra clemencia, que no es más que un vicio convertido en virtud por los débiles.

Un fenómeno cultural

Más popular que ningún otro filósofo de los últimos siglos, Nietzsche es una de las personalidades más influyentes de la historia. Su pensamiento traspasó el ámbito de la filosofía para filtrarse en la música, la literatura, el cine, la política y prácticamente en cualquier otro ámbito. Lo novedoso de su propuesta, unido a su nihilismo y sus frases lapidarias, han llamado la atención de buena parte del mundo desde hace dos siglos y hoy sus ideas siguen de plena actualidad.

Sin duda alguna el pensamiento Nietzscheano transforma el pensamiento, dándole nuevo sentido a nuestros valores,una visión mas amplia de la existencia,libera de tanto condicionamiento mental de los manipuladores religiosos de oficio, especie parasitaria de la tierra,representada por el cura, el sacerdote,el pastor, el anciano y los padres de las iglesias,pervertidos y ladrones.

40 pensamientos clave de Nietzsche para los inconformes crónicos.

L


Nada como llevar la contraria con fundamentos, como destrozar las felicidades huecas y sin sentido de los demás con un poco de reflexión bien llevada. Si bien es cierto que en la actualidad la insatisfacción se ha propagado entre un gran número de hombres y mujeres gracias a los medios de comunicación y del espectáculo, esa fórmula casi exacta para el enojo y la desilusión no es sino el lado más gentil de la problemática; si vamos a estar en desacuerdo con lo que nos rodea, por lo menos que sea en serio. Para destruir, quemar, olvidar y renovar nuestra realidad. Si esa época en que vivimos, donde todo es posible pero las cosas son alcanzables muy pocas veces, eriza la piel y ocasiona una ira inconmensurable, es una obligación permanente que esa quimérica meta final de regocijo se convierta en una posibilidad distinta, una cima asequible.

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A pesar de que muchos consideran a Nietzsche como el amo y señor de la obliteración, un ser despreciable de antireligión, misantropía, cinismo y pesimismo, sólo podemos decir que esto es una malinterpretación constante de sus escritos. No podemos negar su tinte oscuro y alma tenebrosa en los textos que nos heredó, pero sus líneas son, en sentido estricto, una prueba de subversión exquisita, de una honestidad brutal y vigorizante. Él sería hoy un perfecto insatisfecho; crónico por su constante levantamiento ante lo establecido (que hoy se acepta con gozo, dada su “alternativa” accesibilidad), pero no en la misma línea vacua que el resto. Su insaciabilidad se perfilaría, por el contrario, a buscar un perfeccionamiento del hombre en vez de un fracaso convencido.



Para muestra, 40 de sus más grandes aforismos –frases cortas que se proponen a sí mismas como una regla en su individuación y sistema–; los cuales remarcan su puntual reflexión, su talento perturbador en la filosofía capaz de derrumbar mundos pero llamar a la creación de otros nuevos. Si alguno de ellos te hace tocar un nuevo nivel de insatisfacción invitándote a (re)considerar lo que te place y lo que te disgusta, sigue ese camino. No abandones la inconformidad fecunda.



1. “Las personas que nos han dado su confianza completa creen que tienen derecho a la nuestra. La inferencia es falsa, un regalo no confiere ningún derecho”.


2. “El que se humilla a sí mismo desea ser exaltado”.


3. “La manera más segura de corromper una juventud es mandarle a sostener en más alta estima a los que piensan igual en vez de quienes piensan diferente”.


4. “No hay hechos, sólo interpretaciones”.


5. “La moral no es sino el instinto de rebaño en el individuo”.

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6. “Nadie habla más apasionadamente sobre sus derechos que quien duda en lo más profundo de su alma si acaso los tiene”.


7. “Sin música, la vida sería un error”.


8. “Cualquier persona que ha acusado a alguien de ser un idiota, una mala manzana, es molestado cuando resulta al final que el otro no lo era”.


9. “En los estados grandes la educación pública siempre será mediocre, por la misma razón que en las grandes cocinas la comida suele ser mala”.


10. “El hombre de conocimiento debe ser capaz no sólo de amar a sus enemigos, sino también de odiar a sus amigos”.

11. “Un paseo casual a través del manicomio muestra que la fe no prueba nada”.


12. “A menudo, nos negamos a aceptar una idea simplemente porque la forma en que se ha expresado es indiferente para nosotros”.


13. “Ningún vencedor cree en el azar”.


14. “Las convicciones son los enemigos más peligrosos de la verdad en comparación con las mentiras”.


15. “Hablar mucho sobre uno mismo también puede ser un medio para ocultarse”.




16. “No así una falta de amor, es la falta de amistad lo que hace a un matrimonio infeliz”.


17. “La esencia de toda la belleza del arte, de todo gran arte, es gratitud”.


18. “El futuro influye en el presente tanto como el pasado”.


19. “La mentira más común es la que se cuenta a sí misma; mentir a los demás es relativamente una excepción”.


20. “Yo les aconsejo, mis amigos: desconfíen de todos en quienes el impulso a castigar es potente”.




21. “Regocijarse en nuestra alegría, no sufrir de más en nuestro sufrimiento, es lo que hace de alguien un amigo”.


22. “Dios es un pensamiento que hace torcido todo lo que es recto”.


23. “El éxito siempre ha sido un gran mentiroso”.


24. “Nada en la tierra consume más rápidamente a un hombre que la pasión del resentimiento”.


25. “¿Qué es lo que consideras más humano? Perdonar la vergüenza ajena”.

26. “Lo que se hace por amor siempre ocurre más allá del bien y del mal”.


27. “Cuando un centenar de hombres se unen, cada uno de ellos pierde su mente y consigue otra”.


28. “Cuando uno tiene mucho que poner en él, un día tiene cien bolsillos”.


29. “El que se desprecia a sí mismo, no obstante, se respeta a sí mismo como alguien que desprecia”.


30. “Todas las cosas están sujetas a la interpretación. Cualquiera que sea la interpretación que prevalezca en un momento dado es una función de poder y no de verdad”.

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31. “¿Qué es bueno? Todo lo que aumenta la sensación de poder, la voluntad de poder, el poder mismo. ¿Qué está mal? Todo lo que nace de la debilidad. ¿Qué es la felicidad? La sensación de que el poder está creciendo, de que se supera esa resistencia”.


32. “El miedo es la madre de la moral”.


33. “Un político divide a la humanidad en dos clases: las herramientas y los enemigos”.


34. “Toda persona que haya construido un nuevo cielo en cualquier lugar, primero encontró el poder que yace en su propio infierno”.


35. “Hay más sabiduría en tu cuerpo que en tu filosofía más profunda”.

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36. “La madre de exceso no es alegría, sino la falta de ella”.


37. “El reino de los cielos es una condición del corazón, no es algo que viene a la tierra o después de la muerte”.


38. “¿Cuál es la marca de la liberación? Ya no sentir vergüenza frente a uno mismo”.


39. “Da a un vistazo al mundo como si el tiempo se hubiera ido y todo lo torcido se hará derecho para ti”


40. “Debemos considerar perdido cada día en que no hayamos bailado al menos una vez”.


Habrá algunos con los que se esté de acuerdo inmediatamente, quizá existan otros que parezcan endebles a primera vista, pero no por ello deben desdeñarse. El sistema filosófico de Nietzsche halló, sobre todo, la historia de una falsedad, el ardid neurótico por sumarse a esa enorme mentira y la necesidad (contraria) por desligarse de los impotentes, los débiles y los malogrados mentalmente por la seudo moral religiosa y esquemas pervertidos del estado.

Pasos para convertirte en un Superhombre según Nietzsche.

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Acusado de ser un filósofo para principiantes del cual sólo las almas jóvenes pueden asirse en su inexperiencia intelectual, Nietzsche es uno de los más grandes pensadores en nuestra historia, sin importar ningún juicio detractor. Un autor que ha sido malinterpretado en más de una ocasión y vilipendiado por la crítica desde sus inicios, el alemán maestro de la sospecha cuenta con cientos de lecturas cojas que sólo han logrado posicionarle como hereje, anticristiano, cáustico y mórbido en el transcurso de los años. Por ejemplo, es bien sabido que la perspectiva desde la que se leyó “Así habló Zaratustra” en el tan llamado periodo nazi de su país, no sólo logró esparcir por el mundo una fama oscura del filólogo, sino posibilitó errores y aciertos en la inteligencia humana, en la cultura popular del planeta Tierra.

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En esa línea, uno de los conceptos más utilizados en la vida diaria y sus imaginarios es el de Superhombre. Un término cuyas evoluciones como Superman gobiernan la identificación exacta del héroe en el cómic y el cine, además de una caracterización bélica que en su nomenclatura de Ubermensch rememora un episodio -tanto trágico como vergonzoso- de la demencia histórica. No obstante, aunque la creación de Schuster y Siegel, genios detrás de Clark Kent, no se aleja del todo en relación con el postulado nietzscheano, sí es necesario acotar que el entendimiento de dicho humano hiperdotado no vive en nuestra mente de la manera más adecuada.

Es innegable que el Superhombre sea un sujeto elitista, demandante, rígido y en algunas ocasiones violento –en la amplia definición de esta palabra–. Lo que sí podemos extender en su aprehensión es que tampoco se caracteriza por democrático, occidental, sensible y mayoritariamente condescendiente. Lo cual, por cierto, no está mal. Dejémonos de romanticismos. De hecho, el individuo de mallas azules y calzoncillos rojos nació como una propuesta (judía) que mediante la diversión planeaba contraponerse a los ideales germanos del filósofo, asumiéndolo un personaje indisociable del nacionalsocialismo. Más equivocado, no se podría.

Pero, entonces, ¿cómo llegar a ser uno siendo lo más fieles que se pueda al sistema nietzscheano? Uno que no termine en la caricaturización de la propuesta, pero tampoco se confunda con un ser despreciable.

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10. Primero, asimilar que la vida, por naturaleza, es siempre segura de sí misma y codiciosa. Codiciosa de más vida. En otras palabras: una buena cantidad de lucha y dolor, de marchitud, no trasciende más que un imparable deseo de florecer.

9. Nietzsche nunca incitó a torturar o crear campos de concentración. La supremacía que él sugirió con su Übermensch es una que aceptara ese vitalismo de cabeza erguida, nunca arrastrándose ante nada impuesto.

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8. Así, el Superhombre piensa por sí mismo. Lo bueno y lo malo son, justamente de esa forma, definidos por él y nadie más.

7. Defiende su independencia de pensamiento y cuerpo sin recurrir a ningún criterio ajeno.

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6. El convencionalismo no juega un papel determinante en su personalidad. Mucho menos en sus actos.

5. En la reinterpretación como héroe-fenómeno, el Superman idealizado guarda un poco de su esencia en esa expresión de máxima responsabilidad ante todo; lo que cabe destacar del modelo original es que éste la ejecuta para resaltar su estado privilegiado, no por ayuda desinteresada.

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4. Este ser superior no dobla barras de acero ni detiene trenes bala, pero sí es un sujeto vigoroso, fuerte y físicamente dotado.

3. El Superhombre comienza afirmando que Dios ha muerto. No en el sentido banal y escandaloso que se le da al postulado, sino en una confirmación de que es una criatura capaz de sostenerse por sí sola.

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2. Hay un punto en el cual quizá no pueda defenderse su personificación y es que, efectivamente, dada una determinada concepción evolutiva de su autor que depende de su contexto social-histórico. No pueden pensarse estos atributos más que en la exclusividad del género masculino. Sin embargo, ¿no podría ya extenderse su tratado por encima de cualquier género humano?

  1. Uno de los aspectos negativos –o que se pueden leer de tal manera– en este Übermensch es su inquebrantable desprecio por los débiles. En todo caso debe entenderse como una actitud que confronta a las ideas ultraterrenales, ama el peligro, se lanza al combate, acepta los desafíos y busca la elevación de lo humano.
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Nietzsche describe una serie de rasgos que lo caracterizan, como hemos visto, no sólo en la idea sino en la posibilidad de hecho. Los atributos más importantes son la libertad de espíritu, llegar a ser lo que es, diferenciarse de los demás, centrar la importancia en el individuo y crear sus propias normas. El Superhombre es aquél que cuando toma una decisión no se arrepiente de ella y la asume con todas las consecuencias. Esta libertad ­–y esta necesidad de desenvolverse en todos los campos– implica que no pueda llegar a una certeza y que los demás tampoco puedan ver nada más allá de lo que él desea mostrar. Para aclarar más este pensamiento, lee las siguientes 8 novelas para entender a Nietzsche y 40 pensamientos clave de Nietzsche para los inconformes crónicos.

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